Decimos “Yo…”, y en esta afirmación creemos
encontrar un sello de seguridad. “Yo hice”, “Yo dije”, y detrás de
ello, invulnerable, siempre en su sitio como dios omnipresente, está el
Yo de cada quien que parece ser origen y razón de toda cosa. El vértigo
de una conciencia sin un Yo que la trascienda, el miedo a la simple
espontaneidad, el deseo de ser –pese a nuestra gratuidad- los que
deciden sobre sí hasta lo más mínimo: todo nos conduce, todo nos arroja a
esa gran mentira, a esa cortina de humo que venimos creando para no
terminar de convencernos por fin, que aquí adentro, no hay espacio para
una cosa distinta que no sea nuestra nada…”
Baixe o arquivo no formato PDF aqui.

Nenhum comentário:
Postar um comentário