En el siglo XX, la forma Estado, y muy en concreto el Estado
capitalista, se amplía al mundo entero. Sobre todo en la segunda mitad
del siglo cuando irrumpen gran número de nuevos Estados tras el fin del
dominio colonial europeo. A finales del siglo, el sistema-mundo de
Estados tiene por tanto una proyección planetaria. Un rasgo específico
del capitalismo global actual, que no se había dado en sus otras etapas
históricas. Pero este sistema-mundo de Estados es un sistema fuertemente
jerarquizado, aunque en constante movimiento debido a la intensa
competencia entre ellos, de forma que el Estado que no sube, o logra
mantenerse, cae. Si bien en ocasiones los Estados cooperan entre sí, en
grupos (a su vez jerarquizados; la UE, p.e.), para resistir mejor esa
competencia y llegar a posicionarse más aventajadamente, juntos, en la
jerarquía estatal global. El Estado que va a extenderse a escala mundial
es el Estado-nación, que ya empezó a desarrollarse como ya vimos en el
siglo XIX, pero que culmina su concreción en las primeras décadas del
siglo XX en los espacios centrales, actuando de agente nacionalizador
activo de sus sociedades, y propagándose más tarde esta forma de Estado a
los territorios periféricos tras su independencia del yugo colonial.
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