Gramsci considera El Príncipe de Maquiavelo (escrito en 1513, aunque publicado en 1532) como un libro vivo (no un tratado), en el que ideología política y ciencia política se funden en la forma dramática del “mito”. Esta consideración remite al mito en la acepción de Sorel. Para Gramsci (como para Sorel) la posibilidad de transformar un pensamiento sobre la política en acción política devenía en la capacidad de constituir una ideología-mito, “… una ideología política -escribe Gramsci- que no se presenta como fría utopía, ni como una argumentación doctrinaria, sino como la creación de una fantasía concreta que actúa sobre un pueblo disperso y pulverizado para suscitar y organizar su voluntad colectiva…”. Ahora bien ¿cuál es el “príncipe” para quien escribe Gramsci? El príncipe moderno para Gramsci no es otro que el partido político, órgano nuclear de la política moderna.
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