El geógrafo y anarquista Elisée Reclus fallece, en la noche del 4 al 5
de julio de 1905, en la localidad belga de Thourout. Lucien Gallois le
dedicará un obituario, en la revista Annales de Géographie,
en la que reconocía que Reclus era considerado a nivel internacional
"el gran geógrafo francés"; desgraciadamente, esa condición no se
reconoció en la geografía francesa por intereses muy concretos.
Afortunadamente, de una décadas a esta parte la figura y la obra de
Reclus se ha ido recuperando, seguramente, por la necesidad de una
planteamiento geográfico radical y una mayor conciencia ecologista. La
cuestión de la relación entre los seres humanos y el medio natural, así
como el desigual reparto de la riqueza en el mundo, obligan a otorgar
la importancia que merece a la obra del sabio francés. La escritura de su obra cumbre, El hombre y la tierra, la
efectuó durante los últimos años de su vida, cuando tal vez ya no se
mostraba muy activo en el movimiento anarquista, pero sin abandonar un
ápice las ideas ácratas. En esta obra, Reclus efectúa un recorrido por
la historia de la humanidad, desde la prehistoria hasta el final del
siglo XIX, dedicando varios capítulos al estudio de diversos fenómenos
como las divisiones y el ritmo de la historia, el trabajo, el cultivo,
la propiedad, el progreso, la industria o el comercio.
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