Con el Premio Nobel, Gabriela Mistral
alcanzó en 1945 una consagración literaria que hasta el presente no ha
logrado ningún otro escritor hispanoamericano. Así, la que fuera humilde
maestra de escuela, se vio lanzada de improviso a la fama universal.
Las ediciones de sus obras se multiplicaron en varios idiomas y, más aún
que antes, diarios y revistas se disputaron el honor de publicar los
escritos de la ilustre poetisa. Sin embargo, ésta nunca se preocupó
realmente de la suerte de sus obras. La primera, aquella que hizo su
renombre americano, Desolación, apareció por primera vez en los Estados
Unidos gracias a Federico de Onís; al año siguiente, el libro fue
publicado en Chile, y desde entonces ha sido reimpreso muchas veces. En
la práctica, no obstante, siempre resultaba difícil hallarlo en las
librerías de nuestro país, de cuyo acervo cultural forma parte
inalienable. Con Desolación, la poesía de Gabriela Mistral alcanza sus
más altas cimas y su expresión más característica y penetrante. Por todo
esto, fue con su publicación con que en 1954 iniciamos la edición de
sus Obras Selectas, empresa que hasta entonces no se había acometido.
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