En estos pequeños pasajes
inclasificables, quizá cercanos al aforismo o a la crónica de lo
cósmico-cotidiano, el autor traza una singular lectura de
acontecimientos encontrados entre su vida de homme de lettres y la
historia de Alemania. Su múltiple mirada, al fusionar lo estético, lo
poético, y lo político, lo crítico, realza una busca de la experiencia
como noción constante de reflexión. Una experiencia devaluada,
corrompida y decadente que, después de la Gran Guerra, desembocaría más
tarde en el ascenso del fascismo y la tragedia de la Segunda Guerra
Mundial. En tal contexto, un integral análisis del contexto social y
político del momento se hace condición inexpugnable: Una curiosa
paradoja: al actuar, la gente piensa en su interés privado más mezquino,
pero al mismo tiempo, su comportamiento está más que nunca condicionado
por los instintos de masa. Dice Benjamin: "(...) así, en esta sociedad,
el cuadro de la imbecilidad es completo (...)" . En 1928 Benjamin
observa: la naturaleza del capitalismo se han instalado en lo más hondo
de la experiencia humana, crecientemente regida por la producción de
mercancías y la fetichización de las relaciones sociales. Según
Benjamin, fiel y heterodoxo lector de Marx, el capitalismo representa el
infierno secularizado donde la vida se sustrae a la percepción directa y
a la comprensión; un ocultamiento y hasta un disfrute emanan del reino
de las mercancías.
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